Blog en Español

la ley de murphy

16 NOVEMBER 2021

Todo el día de hoy estuve para el arrastre. El día arrancó a las 5 de la mañana con el sonido de nuestra perra gimoteando al lado de la cama. Era extraño que ella no pudiera esperar hasta que uno de nosotros nos levantáramos. Mi novio suele gestionar estas situaciones, pero esta mañana no se despertó. La perra quería ir afuera para hacer sus necesidades y no me quedaba otro remedio que llevarla al jardín. Tras eso, no logré quedarme dormido así seguí vagando por la casa hasta que mi novio se levantó.


Trabajo desde casa. Soy profe de inglés, dándole clases a estudiantes no nativos del idioma, vivan donde vivan. En lugar de las aulas, mis clases se imparten por Internet. Eso me aporta tanto beneficios como desventajas. Hoy, me tocaron más las desventajas. El cansancio era brutal. Me despistaba en todas las clases, tanto que tuve que hacer grandes esfuerzos para evitar que los estudiantes notaran lo agotado que me sentía. Vale la pena mencionar a estas alturas que las clases se dan cara a cara. No hay oportunidades para tomarme un descanso en el pasillo ni distraerle al estudiante para que haga algo para lo que no se me necesita (por ejemplo, terminar con los deberes, o tomar un examen). Lo peor era que, en gran contraste con lo que es normal, se habían programado sietes clases consecutivas. Era jorobado. Tuve que aguantar mientras tomaba café tras café.


Después de terminar con las siete clases, todavía no pude ni echarme una siesta gracias a/debido a los múltiples cafés. Ansioso, agotado, y con ganas de hacer algo beneficioso para mi salud, decidí irme para el gym. Al llegar al gym, me encontré el lugar lleno de clientes, la mayoría de los cuales no tenían las mascarillas puestas. Esto era el colmo. Todos los departamentos de salud -- el del estado, del condado, y también de la ciudad -- mandan que las mascarillas se lleven puestas mientras estás dentro de espacios encerrados y públicos. Me acerqué al manager para preguntarle por la política del gym. Me dijo que, para que los clientes estén cómodos, las políticas de mascarillas habían sido relajadas. Se les permitía andar sin mascarilla mientras estuvieran haciendo ejercicio con una máquina por ejemplo las corredoras o las de levantamiento de pesas. Me quedé incrédulo. Me di la vuelta para salir y regresar a casa.


Ya a las 9 de la noche, me doy cuenta de que se me he sobrevivido a la ley de Murphy. Si algo puede salir mal, saldrá mal. El único remedio que me queda es acostarme temprano y también pedirle a mi novio que se ocupe de la perra en caso de que ella nos necesite a primera hora de la mañana.


Así pasAN LOS DíAS

20 MAY 2021

El Universal publicó la semana pasada un artículo bien llamativo. Se trató de cómo pasaban las vidas de las personas en situación de calle en la Ciudad de México mientras la población en general se quedaba en casa para evitar contagiarse por el coronavirus.


El artículo merece ser leído por dos razones. Primera: se toma el tiempo para enseñarnos una Ciudad paralela que nos llega desde la perspectiva de las vidas de los que viven en la calle. Los periodistas les dan la palabra a los propios sintechos sí mismos para que nos hablen directamente y desde su propio punto de vista. Segunda: para recordarnos nosotros lectores del esfuerzo respetable que se les realiza a las personas más vulnerables por parte de las autoridades sanitarias.


Lo que me llamó mucho la atención fue la semblanza del ámbito de la Ciudad que los periodistas vieron. Se describe que las calles están desoladas muy en contraste de lo típico, salvo que la presencia de ellos sin lugar donde vivir. Esa gente deambula por las aceras, pasa tiempo sentado en la banquetas, y habla con quienes se aparezcan. La gente en situación de calle sigue con sus vidas diarias mientras tanto la mayoría de los residents de la urbe -- que cuenta con nueve millones de personas -- se queda encerrada en sus domicilios.


Lo que el artículo deja claro es la verdadera tristeza de cómo a los indigentes de la Ciudad se les ha resultado ajena a sus vidas la enfermedad COVID-19. En general, muy poco se sabe ni se entiende de la epidemia entre la comunidad indigente. Dicho esto, los periodistas se encontraron con diversas experiencias en aquella comunidad que depende en qué parte de la ciudad fuera localizada. Las experiencias de ellos que se estuvieron congregando en los grandes puntos de concentración se marcaban con más atención por parte de las agencias sanitarias. En contraste, los indigentes que pasaban por la calle Artículo 123 se marcó tanto por la falta de información como la falta de contactos con los profesionales de salud. Lo que compartían estos groups fue una ignorancia poco creíble sobre la pandemia que se había aterrorizado medio mundo. Hasta la fecha, a los indigentes se les faltan lo más mínimo en términos de cómo protegerse del virus: no hay jabón ni gel antiséptico, pañuelos ni algo para cubrir la boca. Así pasa la vida de la gente en situación de calle: todas vulnerables.


Empezamos con la segunda razón. Se describen las brigadas de la calle, un equipo de personas de la Sibiso (Secretaría de Inclusión y Bienestar Social de la Ciudad de México) que salen a recorrer los principales puntos de concentración de personas en situación de calle. Se les pregunta a las personas si presenten los síntomas del coronavirus. En el caso de sí, se tomen dos pasos: se les realizaría una primera valoración médica y luego se les ofrecería que acudan a uno de los albergues transitorios que Sibiso mantiene. Esto les permitiría que se tenga un lugar donde vivir de manera temporalmente y también que se ponga en aislamiento para evitar contagios. Una titular de la dependencia dijo que ninguna de las 120 personas que aprovechó de la oferta de quedarse en un albergue habían dado positivo por el coronavirus. Los trabajadores de Sibiso también atiende a alrededor de seis mil personas mayores, cuyos servicios sanitarios se les proporcionaba ya antes de que la crisis actual empezara. A esos residentes de la Ciudad se les llevan a cabo varios servicios relacionados a su estado de salud. Pueden ser algo muy básico como una llamada que se les hace para preguntar cómo están, hasta los servicios más complejos tal como una visita médica o la entrega de medicamentos gratuitos. Estos servicios se hacen por los profesionales sanitarios y con mucho cuidado, dado que muchas de estas seis mil personas se encuentran con una precaria condición de salud que las deja vulnerables al coronavirus.

no había otro remedio

21 DECIEMBRE 2019

Yo empecé correr en 2008. Y con intención. Correr fue un paso que se le añadió a una nueva rutina dedicada al desarrollo y mejoramiento personal. Ya había dejado atrás comer la carne, el pollo, y la leche de vaca. Representaron un 90% de los alimentos procedentes de orígenes animals que comía antes de dedicándome a todo fuerzo convertirme en vegetariano. Entre el vegetarianismo y el atletismo, me encontré en un estado de ánimo y alegría nunca sentido antes en mi vida. No tenía nada que ver con otras personas tampoco que mis alrededores. Al terminar el año 2012, me había encontrado muchísimo éxito en una clase de autodefensa, terminé con una decena de carreras 5k (y incluso un par de carreras 10k), y había perdido 27 kilos. En aquella época de mi vida, mi autoestima tocaba las nubes. Contaba con energía (tanto física que mental) de sobra. Se había llevado a cabo una revolución hacia lo mejor.


Por la otra mano, Patrick empezó correr por trampa. Se negaban todas las opciones gratis proporcionadas por el Departamento de Parques de Chicago a los jóvenes de la ciudad durante los meses del verano: Grupos de fútbol, fútbol americano, tenis, voleibol, béisbol, todos quedados ignorado. Le aconsejaba de que, para asegurarnos de la convivencia justo abordada, fuera menos tozudo y que aceptara nuevos desafíos. No le permitiría quedarse en el apartamento todo el día. Era ridícula quedarse dentro del apartamento dado que vivíamos en una de las mejores ciudades del mundo y teníamos a mano todos los recursos necesarios para aprovecharla. Había opciones y oportunidades bastantes para un joven con hasta un granito de voluntad. Decepcionante, a Patrick le faltaba hasta aquel grano.


De todos modos, le decía por meses acerca del día en el que él iba a unirme en las carreras que hacía por el barrio dado que se habían dejado ignorados todas otras opciones. O no me creía o no me prestaba mucha atención, por que se quedó muy incrédulo al momento en el que le dije ponerse los zapatos. Esperamos un rato por que vale decir que se eligieron esas zapatillas por él mismo, así que no le quedó ningún excuso por ser sorprendido. Pero incrédulo y fastidiado estaba.


En esa época dentro la que trabajábamos muy fuerte para cumplir con los retos que el Estado nos habían dado para que llegáramos a ser una familia de verdad, Patrick no hacía nada de ejercicio físico. La verdad era que había logrado escaquearse de las actividades que hacían sus compañeros tantos en el instituto donde vivía que en las clases de gimnasia a su secundaria. Fingía sufrir de una lástima o de un dolor misterioso. No llevaba su playera obligatoria para participar en (y ganar puntos que le contribuían a su nota final) las actividades -- fueran lo que fueran. Efectivamente -- y con muchísima ironía -- se volvió en lo más flojo de la clase y sufría del daño académico más grave mientras estar en gimnasia. Esos 55 minutos de gimnasio se habían vuelto en un agujero negro. Obviamente, yo no iba a dejarle que continuara tal situación a casa. Tras negó a participarse en fútbol, voleibol, tenis, fútbol americano, ni cada otra opción abierta (y gratis) a él en los programas de Chicago -- le dije que iba a correr conmigo. Ya no le quedó otro remedio.


Desde hace junio, Patrick ya cuenta con haber cumplido más de una docena de carreras conmigo.

El nuevo mural en la villita

14 NOVIEMBRE 2019

Me gusta leer el /r/chicago, el subreddit dedicado a nuestra ciudad dentro de Reddit. Se ve en ello una cantidad de temas -- de las quejas sobre las multas de estacionamiento, las fotos sacadas por las turistas que nos estaban visitando por un finde, hasta las peticiones de ayuda sobre los mascotas perdidos. A veces, se topa con algo que está pasando en los barrios bastante interesante. En este caso, me topé con un articulo que se trataba un nuevo mural que se llevó a cabo en medio octubre en el corazón del barrio mexicano de La Villita.


(Léete aquí: https://www.chicagotribune.com/hoy/ct-hoy-mural-la-villita-chicago-20191015-2lr7ul2ytndovj2aj6pr5rz5w4-story.html)


A Elizabeth Reyes, joven de 32 años y de raíz mexicana, le otorgaron el honor y la responsabilidad de pintar una importante obra de arte en un edificio de tres pisos. Dicho edificio está ubicado en una esquina muy concurrida de La Villita, donde se encuentra el restaurante popular El Nuevo León también cuenta con un número de apartamentos residenciales de arriba. En otras palabras, es como si fuera otorgado a la artista la oportunidad de montar su arte en un lado del Zócalo de la CDMX. No es poca cosa ni algo pasajero.


Vale la pena detenerme por un rato para explicar la cultura general que lleva Chicago acerca del arte público. En pocas palabras: es bien abierta. Se ven murales en todas partes de la ciudad. Gracias a la gestión financiera de la ciudad, los varios consejeros les pueden otorgar a los artistas locales la financiación y apoyo legal para que pintaran murales en locales identificados por los lugareños. Como hermosa consecuencia, las obras de arte original pueden gozarse por casi cualquier calle del metrópoli. Hace un año, el departamento municipal cargado con quitarles la grafiti de las paredes se equivocó en borrar de una estación del metro un mural precioso. Peor, se pintó el mural por un colectivo de artistas pagados a través de fondos recaudados por los lugareños y dados a los artistas por el ayuntamiento mismo. Fue un desmadre tal que los medios de comunicación emitían cuentos sobre la ira de la comunidad por varios días. Me parecía que la comunidad se hubiera despertado y entonces se declara en guerra contra la torpeza del departamento responsable. El jefe del departamento se disculpó una cantidad de veces pero a nadie se le cayó la espada. Una vergüenza.


Regresando al tercio del nuevo mural, la prensa hispana había publicado una entrevista con la artista sobre su nuevo proyecto que conmemoraba a las familias mexicanas a través de varias generaciones. Del simbolismo de la obra, Reyes explicó de donde le surgió la inspiración para dar representación a los dueños del restaurante El Nuevo León. La familiar Gutiérrez abandonó su Monterrey natal en los años 60 para buscar nuevos horizontes en el otro lado de la frontera. Son el Don Emeterio y la Doña María los que son pintados en estilo calavera. Detrás de la pareja, se ve el Cerro de la Silla -- el gran símbolo de la ciudad norteña --, mientras en frente de ellos aparece el Arco de la Bienvenida -- el símbolo más importante y marcado de La Villita. Reyes explicaba que le importaba mucho enseñar las tradiciones que se traían al emigrar a los Estados Unidos aunque se dejó atrás el territorio natal de los inmigrantes sí mismos. Es interesante entonces la decisión de Reyes en mostrarle a la comunidad la continuación de estas tradiciones. En un otro lado del mural, se ve una pareja joven. En las manos óseas del varón hay dos cosas: un globo terráqueo y la mano de su mujer. (Evito por el momento la discusión sobre la normativa heterosexual que se muestra, aunque estoy bien consciente de ella.) Está representado la próxima generación de mexicanos. Los hijos ya criaron en las tierras estadounidenses sentadas por sus padres.


Hay una esperanza que el mural luce. Es la esperanza que dice que a los hijos y las hijas de inmigrantes les pertenece el futuro en este país. Más, son capaces de llevar consigo esta herencia cultural a todas las esquinas del mundo. El mundo les corresponde. Reyes compartió a la prensa sus deseos de que el mensaje del mural siguiera tocando a la gente más allá de las fechas que marcaban la temporada de el Día de los Muertos y que el mural les inspirara a comunidades más allá de la mexicana. Que se tenga confianza! Estoy seguro que su deseo llegará a ser lo que ella espera. Antes de montar el mural en La Villita, a Reyes le brindó la jefatura de la Autoridad de Transporte de Chicago (CTA según sus letras en inglés) el diseño de un tren que pasaba por los dos barrios mexicanos en la Línea Rosa. A sus 32 años, se han puesto sus huellas artísticas en la vida cultural vital de Chicago. Estoy seguro que el futuro de su arte perdurará tal que se encontrará tejido en el futuro de la ciudad que compartimos.


Ya que me he enterado del mural, estoy emocionado verlo con mis propios ojos. Se han hecho planes para ir a La Villita esta semana.